Año de la universalización de la salud

Cebo envenenado. Cuidado con lo que comen por ahí

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No es extraño oír quejas de mascoteros en relación a comida que sus perros encuentran por las zonas por las que pasean… y que está envenenada. En algunas ciudades incluso han llegado a cerrarse parques públicos al no poder hacer frente a las continuas trampas (mortales, en muchos casos) que detractores de la tenencia de mascotas colocaban estratégicamente con el fin de tomarse la justicia por su mano.

Se trata de remedios caseros, totalmente ilegales y que recurren a cualquier opción con tal de acabar con los animales que les puedan resultar molestos: desde clavos escondidos en pedazos de carne, a matarratas, pesticidas o anticongelantes).

Así las cosas ¿Podemos hacer algo para poder sacar a pasear con tranquilidad a nuestro compañero cuadrúpedo? Siguiendo estos consejos, puede reducirse el riesgo de manera significativa.

Evitar que mendigue comida

Pese a no estar estrechamente vinculada una cosa con la otra, educar a nuestra mascota en lo que a la comida que no le corresponde se refiere, puede ser de gran ayuda para disminuir su glotonería. De este modo, aumentan las posibilidades de que pase de largo de un cebo envenenado.

Para conseguirlo, tendremos que dejar de darle comida desde la mesa, y si acaso, depositar nuestras sobras en su cuenco habitual. Tiene que aprender a estar tranquilo mientras comamos, necesita controlarse.

El intercambio

Tanto si nos gusta como si no, nuestra mascota va a emplear la boca como principal medio (o casi) para investigar, explorar, tocar cosas. De nada sirve castigarle y evitar que lo haga; en su lugar, podemos recurrir a esta táctica para enseñarle que hay objetos que pueden ser perjudiciales para él, o que no son para jugar. Lo primero que debemos hacer es adquirir juguetes educativos que emplear cada vez que juguemos en casa con nuestro cachorro. Juguetes que podemos llevarnos de paseo y así incitarle a que en lugar de coger con la boca lo que no debe, esté más pendiente de las cosas que sí conoce (una golosina, en caso de no tener a mano tales juguetes, puede valer). En concreto a su paseador.

Es un proceso paulatino, requiere tiempo y paciencia, pero el resultado es un animal tranquilo, desinteresado por las amenazas potenciales. Justo lo que andamos buscando.

El uso del bozal

Hay gente a la que no le gusta el bozal. ¿Para qué, si nuestro amiguito es totalmente pacífico? Sin embargo, puede ser sumamente útil, en especial si el animal está suelto: puede campar a sus anchas, olisquear… y sí, queriendo podría coger algo con su boca. Pero difícilmente será capaz de hacerse con un cebo envenenado.

Un peligro… en el jardín de casa

La gente es muy mala, y al final, todas las precauciones que tomemos pueden ser pocas: se han dado casos de cebos envenenados encontrados en los jardines particulares de familias con perro. Toda precaución es poca, por lo que tratad de limitar en medida de lo posible el acceso del exterior con cercas, vayas, o incluso destinando un espacio alejado de curiosos para vuestra mascota.

Tened especial cuidado si vuestro perro es…

Beagle, Labrador o Épagneul Breton. Son algunos de los ejemplos más comunes de perros voraces, investigadores, “aspiradora”. En general todo perro dado a seguir rastros o a cotillear tiene más peligro que uno que muestre interés nulo al respecto, hay que estar siempre alerta, pero con estas razas en concreto, más todavía.

¿Y tú que opinas?