Año de la universalización de la salud

Cómo observar anfibios y reptiles (Estrategias más adecuadas)

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A excepción de unas pocas especies antropófilas, a un observador inexperto puede resultarle muy difícil encontrar anfibios y reptiles en sus primeras salidas al campo. La razón es que estos animales suelen ser crípticos, discretos y más bien tímidos, y además dejan pocos rastros. No hace falta decir que la observación de aves suele se incomparablemente más fructífera en cualquier expedición naturalista. Como consuelo, podemos decir que los mamíferos son todavía más difíciles de ver.  

No obstante, con una serie de buenas recomendaciones sobre la época y los lugares apropiados y sobre las estrategias de aproximación a estos animales, el aficionado notará en seguida un incremento muy notable y satisfactorio de sus observaciones. A favor de la observación de anfibios y reptiles puede decirse que las molestias que podemos causar a sus poblaciones suelen ser mucho menores que en el caso de las aves, ya que éstas pueden llegar a perder su nidada por una simple aproximación inadecuada. Nuestros protagonistas, en cambio, en las mismas circunstancias se esconderían rápidamente en sus refugios sin mayores consecuencias. Ello proporciona al naturalista una gran tranquilidad y facilidad de acción.  

La aproximación a estos animales debe hacerse con gran sigilo, sin prisas y evitando, sobre todo, proyectar nuestra propia sombra sobre ellos, más que nada para no arruinar la observación. La distancia a la que el animal nos dejará acercar varía mucho en función de la época del año, del momento del día y de la especie, entre otros factores. Así, por ejemplo, la rana común, los lagartos grandes, las serpientes y las tortugas acuáticas suelen emprender la huida antes que otros reptiles y anfibios. En casos excepcionales, sin embargo, algún gran lagarto macho puede quedarse plantándonos cara con las fauces abiertas, para defender su territorio. Del mismo modo, las culebras grandes y las víboras pueden incluso atacar cuando se ven acorraladas.

Al contrario que estos reptiles huidizos, encontramos especies lentas y crípticas como los sapos común y corredor y, sobre todo, el camaleón, que sorprenden por la facilidad con la que dejan acercarnos.

Por otra parte, la prospección de un lugar apropiado debe hacerse evitando hacer ruidos y prestando mucha atención, pues la gran mayoría de anfibios y reptiles son crípticos y pueden pasar desapercibidos ante una mirada poco atenta. Para la prospección puede ser de ayuda el uso de unos prismáticos de pocos aumentos pero con corta distancia mínima de enfoque, para poder enfocar lo más cerca posible con los que efectuaremos un barrido sistemático de la zona.

Es muy frecuente pasar al lado de un animal inmóvil y darnos cuenta de su presencia cuando, asustado por una pisada nuestra sobre una hoja seca o una rama muerta, éste huye a toda prisa hacia su escondrijo. En estos casos, la observación suele frustrarse porque el animal no nos da una segunda oportunidad. En sentido inverso, vale la pena investigar cualquier crujido o movimiento en la vegetación, ya que con frecuencia es debido a un reptil que huye (los anfibios suelen ser los más silenciosos).  

Las puestas y larvas de anfibios suelen ser muy visibles en charcas, estanques y demás puntos de agua apropiados, al igual que los tritones adultos en fase acuática. Algunos anuros, como la rana común, son muy conspicuos en el agua o junto a ella incluso fuera por completo del periodo reproductor. Por otra parte, en este periodo nos podemos guiar por los cantos de los machos de anuros, que a menudo se oyen a gran distancia del punto de emisión, aunque su identificación por la voz no siempre es fácil si no se tiene cierta práctica.

¿Y tú que opinas?