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Complejo arqueológico el Castillo

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El complejo arqueológico el Castillo es un sitio arqueológico situado en los suburbios de la ciudad de Huarmey, capital de la provincia del mismo nombre, en el departamento de Áncash, en el centro-noroeste del Perú. Se trata de una pirámide escalonada hecha a base de adobes, que se alza sobre un promontorio rocoso, rodeada de otras estructuras platafórmicas, que se extienden hasta el nivel del suelo del valle, todas las cuales se encuentran en estado ruinoso. El conjunto, según las evidencias encontradas, era un centro administrativo huari, de la época preincaica, que se halla rodeado de gran número de cámaras funerarias donde presumiblemente eran sepultados los miembros de la nobleza. Muchas de esas cámaras han sufrido los estragos de los huaqueros, pero en junio del 2013 se dio a conocer el hallazgo de 63 tumbas intactas, con osamentas asociadas con 1.200 objetos, entre joyas de oro y plata, fina cerámica y utensilios de madera. En 1999, fue declarado por el entonces Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) como Patrimonio Cultural de la Nación. En el 2012 se aprobó el Proyecto Arqueológico Castillo de Huarmey.

Ubicación

El complejo arqueológico el Castillo se encuentra situado a 1 km al este de Huarmey, a 2 km del Océano Pacífico y en la margen derecha del río Huarmey. Se halla a 295 km al norte de Lima.

Investigaciones

Desde la época colonial los restos del llamado Castillo de Huarmey, llamaron la atención de los viajeros europeos. En una obra de 1671, del historiador holandés Arnoldus Montanus, titulada El nuevo y desconocido mundo, existe un grabado que representa a la construcción preinca, aunque al modo de los castillos europeos y en medio de una floresta impropia del lugar.

El primero en realizar investigaciones científicas en el sitio fue el arqueólogo peruano Julio C. Tello. A fines de los años 1950, los arqueólogos Ernesto Tabío y Duccio Bonavia, en el curso de sus investigaciones arqueológicas en el valle de Huarmey, hicieron de manera conjunta los primeros reconocimientos en la zona y publicaron breves descripciones del Castillo. A comienzos de los años 1960, Donald E. Thompson completó estos estudios y publicó un bosquejo generalizado de la evolución cultural del valle.

En 1979, Frederic Engel visitó El Castillo, cuyo croquis elaboró, tomando notas sobre su arquitectura. Impresionado por la destrucción del sitio a manos de los huaqueros, dirigió una carta al Instituto Nacional de Cultura, llamando la atención sobre la precaria situación del yacimiento. También en ese mismo año, Alberto Bueno complejo arqueológico el Castillo y otros sitios arqueológicos del valle, y publicó poco después un artículo sobre el problema originado por las excavaciones clandestinas.

Los coleccionistas Yoshitaro Amano y Heinrich Ubbelohde-Doering fueron los primeros en recoger los fragmentos de textiles que se hallaban sobre la superficie, los cuales, junto con los fragmentos de cerámica y de madera, eran la triste evidencia de la devastación causada día tras día por los huaqueros.

Entre 1985 y 1986 Heiko Prümers realizó una prospección intensiva del valle bajo de Huarmey, pero como por entonces no era posible realizar excavaciones en el Castillo de Huarmey, la intervención se limitó a la recolección sistemática de los materiales de superficie, lográndose reunir 1600 fragmentos de cerámica, 366 textiles y aproximadamente 1300 fragmentos de madera y mates pirograbados, material que fue puesto en resguardo en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia, en Pueblo Libre, Lima. De todos esos materiales, los más llamativos eran los textiles multicolores de lana con algodón, en una variedad de estilos. En la muestra que recogió Prümers, prevalecía el estilo Moche-Huari en un 92%, seguido del Huari Clásico (7%), Nazca y Lambayeque. Prümers concluyó que el Castillo era un cementerio de la elite moche, del Horizonte Medio.

En enero de 2010 se inauguró el Proyecto de Investigación Arqueológica “Castillo de Huarmey”, fruto de la cooperación internacional entre la Universidad de Varsovia y la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con la dirección del arqueólogo polaco Milosz Giersz, y con la asesoría de Krzysztof Makowski y Roberto Pimentel Nita (de la PUCP). En octubre del 2010 encontraron dos contextos funerarios intactos en la zona del Castillo. En una de ellas se hallaba una pareja que se presume formaban parte de la élite huari por la forma del entierro, pues los cuerpos estaban en posición sentada, a la usanza de la sierra. Ello los diferencia de los entierros típicamente costeños, pues estos suelen presentar el cuerpo echado o extendido. En la otra cámara se hallaron los restos de un joven robusto, junto con un cuenco de plata maciza. Se encontraron también textiles de estilo huari. Eran descubrimientos interesantes, pero mínimos, comparados con los destrozos causados por los huaqueros a lo largo de décadas. Los investigadores del proyecto concluyeron que estos entierros no se parecían en nada a los de los moche y denotaban más bien influencia del sur andino, por lo que apostaron más por la teoría de que el Castillo había sido una de las capitales o cabeceras regionales de los huari, cercano a la frontera del reino moche.

En setiembre del 2012, los arqueólogos procedieron a excavar entre los escombros que aún quedaban en la parte más alta de la pirámide escalonada. Al limpiar los pozos de los huaqueros notaron que en el fondo se extendía una capa de ripio (piedras pequeñas) de aproximadamente 100 cm de grosor. Se procedió a retirar esa capa, cuyo peso total fue de unas 33 toneladas. Debajo encontraron seis esqueletos humanos que serían ofrendas humanas, pero el momento cumbre fue cuando apareció la cámara funeraria con un rico ajuar, la primera de la cultura huari hallada intacta. Dicha cámara funeraria mide 4.5 metros de largo, 3.5 de ancho y 1.5 de profundidad, y guardaba 57 fardos con osamentas en posición sentada. En el lado norte de la misma cámara se hallaron tres pequeñas tumbas que corresponderían a mujeres de la nobleza huari. Todas ellas tenían joyas que demostraban su nivel social, pero la del centro parecía tener mayor importancia que las demás. Serían probablemente las esposas principales. Las demás osamentas, en número de 57, serían de otras damas nobles, quizá las esposas secundarias o miembros de la corte, enterradas conjuntamente.

Se hallaron también asociados diversos objetos, como orejeras de oro, plata y de otras aleaciones metálicas, recipientes de cerámica, objetos de piedra tallada, cuchillos ceremoniales, un quero de piedra de Huamanga, agujas, ovillos de colores, entre otros, haciendo un total de 1.200 objetos en buen estado de conservación, de inconfundible estilo huari. Todos estos hallazgos se dieron a conocer en junio del 2013.

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