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Danza el hatajo de negritos y las pallas

Danza el hatajo de negritos y las pallas

El hatajo de negritos y las pallas o pallitas son dos expresiones musicales y dancísticas de la costa centro-sur del Perú que consisten en la ejecución de diversas danzas en base a zapateo, canto y ejecución de instrumentos de cuerda, violín y guitarra respectivamente.

El hatajo de negritos compuesto tradicionalmente por varones, y últimamente también por mujeres y las pallas compuestas exclusivamente por mujeres se bailan juntos como parte de las celebraciones de Navidad. Ambas expresiones están particularmente asociadas a la identidad de las poblaciones rurales afroperuanas y mestizas de la costa central del Perú.

En la actualidad, el hatajo de negritos y las pallas tienen como zona de influencia la costa sur-central del Perú, con especial incidencia en la provincia de Chincha, departamento de lca.

Durante los festejos de navidad, conjuntos (o «hatajos») de negritos y pallas, ataviados los primeros con coloridas bandas y contrabandas, y llevando en las manos una campana y un vistoso chicotillo con cascabeles, y las segundas con vestidos de color claro y velos de tul, portando bastones multicolores que representan plantas que llaman «azucenas», hacen visitas a casas tanto de sus poblados de origen como de poblados vecinos.

Durante estas visitas, presentan sus danzas y cánticos al Niño Jesús que reposa en los nacimientos construidos en éstas, y al mismo tiempo los anfitriones los agasajan con comida y bebida.

Asimismo, los hatajos de negritos y las pallas también desarrollan sus danzas en las calles y plazas. Los primeros zapatean al ritmo del violín que interpreta melodías con influencia musical andina y las segundas al compás de la guitarra. En tal sentido, durante los festejos de Navidad, los negritos y las pallas representan a los pastores y pastoras que visitan al niño Jesús al nacer.

El hatajo de negritos y las pallas tienen como antecedente histórico una larga tradición de danzas y canto de villancicos frente a los nacimientos, de procedencia española pero fuertemente arraigadas en el Perú desde el siglo XVII. Testimonios locales recogidos por William Tompkins ubican el origen del hatajo de negritos y las pallas hacia el año 1761.

Otros testimonios de pobladores de diversas localidades de la provincia de Chincha señalan que el hatajo de negritos y las pallas ya se bailaban de la forma actual durante la década de 1920.

Asimismo, portadores octogenarios, nacidos en la década de 1930, recuerdan que sus padres y abuelos ya bailaban estas danzas desde antes de que ellos nacieran, ubicando la vigencia de estas danzas al menos desde las primeras décadas del siglo XX, y dando cuenta de la existencia de al menos cinco generaciones continúas de portadores a la fecha.

El hatajo de negritos y las pallas involucran la transmisión intergeneracional de una serie de saberes y conocimientos colectivos de la comunidad de portadores. En primer lugar, zapateo involucra la reproducción de patrones rítmicos y armónicos, así como técnicas coreográficas de larga supervivencia, provenientes de tradiciones musicales afroperuanas, andinas, españolas y mestizas que tuvieron presencia en la zona y de los intercambios entre éstas.

Al respecto, la musicóloga Chalena Vásquez señala que este zapateo reproduce complejos patrones rítmicos de procedencia africana. En segundo lugar, las numerosas danzas que conforman el repertorio del hatajo negritos y de las pallas son también transmitidas en el tiempo y mantenidas a través de su presentación anual en Navidad y de los ensayos previos a éstas. En tercer lugar, el contenido de estas danzas es parte importante de la tradición oral de estas comunidades; entre estos contenidos es posible distinguir elementos de protesta frente a la esclavización y al trabajo forzado de hombres y mujeres afroperuanas. En cuarto lugar, la interpretación de las danzas dentro de atajo supone también una serie de normas, patrones de comportamiento, roles y jerarquías que sus participantes deben conocer y seguir, y que son también transmitidos por tradición oral.

Finalmente, su reproducción sostenida a lo largo de al menos un siglo hace que ambas danzas sean uno de los elementos fundamentales de las celebraciones tradicionales de Navidad de las comunidades portadoras.

La participación en estas danzas es siempre entendida como una ofrenda para el Niño Jesús. En algunos casos la participación se da en cumplimiento de promesa hecha a éste, con la esperanza de que cumpla un milagro al zapateador o como agradecimiento a un milagro ya concedido; en otros casos, los miembros participan porque gustan de la danza, pero siempre entendiéndola como un sacrificio para el Niño.

En tal sentido, las danzas son realizadas con gran respeto por todos los participantes, y una gran parte de los pobladores de El Carmen y otras comunidades de la zona han participado de éstas como forma de vivir y mostrar su devoción.

La presencia del hatajo de negritos y las pallas en los festejos de Navidad es un acontecimiento que se logra gracias a la participación de toda la población. Por un lado, hay algunas familias que a lo largo de generaciones se dedican a organizar los hatajos y sus ensayos, como a gestionar su financiamiento.

Por otro lado, las comunidades contribuyen también al mantenimiento del hatajo a través de su participación como zapateadores, con su aporte económico o la forma de donaciones, invitando a los hatajos a sus casas durante los festejos de Navidad y el entusiasmo sostenido con que reciben a esta expresión cultural.

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