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Danza rukus de Canchapampa

Danza rukus de Canchapampa

La danza rukus de Canchapampa, distrito de Llata, provincia de Huamalíes, departamento de Huánuco, se representa una versión del ruku en la representación burlesca de una corrida de toros. Un toro salvaje (interpretado por una persona) es capturado y sacado de su hábitat natural en las alturas por un grupo de rukus encabezados por un personaje llamado repuntero, quien sería «dueño» del ganado.

Luego de una serie de danzas, se realiza la corrida; el toro se resiste embistiendo a sus captores y, tras «matar» al repuntero, se declara terminada la corrida. El aspecto ritual de esta costumbre aparece desde el pago ritual a los dioses de las montañas hasta la presentación del cuerpo de baile ante las autoridades locales.

El personaje del ruku está asociado a un animal de las alturas, en concreto a la comadreja de montaña (waywash en Huánuco). El ruku lleva como parte de sus atributos una piel de comadreja, se considera que ésta confiere al ruku sus habilidades: agilidad, rapidez, dominio del cuerpo para moverse por espacios muy reducidos y la capacidad de hipnotizar a sus presas.

Los rukus, protagonistas de esta danza, son los encargados de capturar al toro y hacer la corrida. El aspecto del ruku de Canchapampa es más formal que el que aparece en otras danzas de Huánuco; viste saco y pantalón azul con camisa blanca los días previos a la fiesta, y luce un pantalón blanco el día central de la fiesta. Lleva a la espalda una manta de color blanco o azulino, polainas de tela con franjas verticales blanco y rojo, y cascabeles de bronce en las pantorrillas.

También lleva al pecho, en bandolera, una cinta con los colores patrios. En cambio, mantiene de los rukus de otras áreas la característica peluca llamada accha («despeinado»), hecha con cola de buey o caballo, parcialmente blanca a modo de canas, fijada sobre un gorro de tela o lana y adornada con cintas multicolores. Como ancianos, portan un bastón de madera de lloqe (árbol, especie nativa) y en su papel de pastores llevan un rollo de soguilla cruzado al pecho que usarán para lazar y conducir al toro. Otro rasgo visual característico es su postura de anciano, ligeramente encorvado, con las piernas abiertas y las rodillas levemente dobladas, sosteniéndose con el bastón de la mano derecha y la mano izquierda en la cintura.

La danza rukus de Canchapampa se hace con gran fuerza y algarabía. El repuntero es representado como un mestizo del sector dominante, caracterizado como el antiguo hacendado mestizo: casaca de cuero, pantalón de montar, zapatos y polainas de cuero, chullo y sombrero de ala ancha, blandiendo el látigo que le sirve para conducir al toro. El repuntero encabeza, zurriago en mano, el avance de la cuadrilla.

El toro es representado por una persona que lleva un armazón de varillas de madera cubierto con piel de becerro o de cabra, y en el lomo con una tela colorida de motivos floreados. Luce una cabeza falsa a la que se ponen dos cuernos reales de toro, cuya boca ha de estar articulada como para que pueda abrirla y ofrecérsele cachi (sal, en quechua; en este contexto específico se refiere a bebidas) y asimismo una cola real de toro.

También lleva la misma vestimenta y colores que los rukus, salvo por un pañuelo rojo atado al cuello que le cubre la cabeza, y otro atado transversalmente al pecho, llamado mandil. El papel de este personaje es resistirse a ser conducido y embestir aquello que tenga adelante.

El músico de caja y flauta que acompaña la danza anunciando los momentos de ésta con una secuencia de tonadas.

Esta danza rukus de Canchapampa sigue cinco etapas; la primera es el llama garpuy (arreo de la llama, aunque aquí se trate de un toro). Comienza a las cinco de la mañana, con la reunión de todos los personajes en la cima de un cerro cercano. En el discurso mítico andino, los dioses de las alturas son considerados dueños de las plantas y animales no domesticados de esos espacios.

Se tendrá, por tanto, que pedir permiso para tomar un animal de altura para la corrida. Este permiso se solicita al hirka (señor del cerro y dueño de los animales silvestres) ofreciendo bebida, hojas de coca, dulces y especies silvestres de la puna.

Los rukus y el repuntero entonces danzan su primera mudanza, la carhuarina, formando un círculo alrededor del toro, a modo de ohaccu, para capturar y dominar al toro; pero éste eventualmente logra romper el cerco, iniciando una carrera desbocada. Los rukus corren tras él, tratando de cercarlo por ambos lados para obligarlo a ir cuesta abajo hasta el lugar denominado Cachinapataq (en quechua, ladera de abasto de sal).

En el recorrido, los rukus son corneados repetidas veces, volando sus acchas por los aires. Durante todo este tiempo el cajero ha batido la caja, acompañado por el ruku capitán o ruku mayor, que no ha dejado de bailar, también como una forma de anunciar el paso de esta comitiva. Llegados a Cachinapataq, al toro se le captura ‘ofreciéndole cachi, tentación que no puede resistir debido a su agotamiento y confusión. Los rukus aprovechan para enlazarlo y conducirlo la plaza central de Canchapampa, en medio de un gran júbilo. El toro nunca deja de resistir. El repuntero anuncia el avance de la cuadrilla con golpes de látigo que estallan en el piso.

Como segundo paso, el toro es entregado a la autoridad en la «amarrada del toro» o «emprendar (poner en prenda) al toro». En la entrada de la Municipalidad, la comitiva es recibida por alguna autoridad (usualmente el alcalde), al cual el repuntero le amarrará el toro a las pantorrillas, en señal de entrega. Tras el ofrecimiento y entrega de bebida y algunos bocados a la comitiva, el toro es desatado ante el anuncio de un toque de diana.

Al ser cumplida la tarea, se procede al tercer momento, la danza de celebración, que se realiza en la entrada del local municipal. Los rukus se ubican en dos filas, encabezados por el repuntero y el toro, quienes luego ocuparán cada uno el primer lugar de una fila, la derecha el toro y la izquierda el repuntero. Por regla general, el toro y el repuntero son los primeros en bailar cada «mudanza», seguidos por la comitiva de los rukus, uno tras otro en sendas filas.

Las mudanzas o pasos son el guengu o zigzag, la gocha (laguna), en que los rukus de ambas filas intercambian posiciones, siguiendo un desplazamiento oval (de ahí el nombre de esta mudanza) el tukupa ñawin (ojo de lechuza), también llamado ushupa murum (semilla de ají) en que dos danzantes, uno de cada fila, se encuentran, se saludan y regresan, tomando el lugar el siguiente danzante, dando a las filas juntas la forma de un rombo; la palma, o paso en que los danzantes se encuentran y alejan en su mismo nivel; el corazón / corazón volteado, figura clásica en que las dos filas bailan juntas y avanzan por el centro para abrirse hacia afuera en línea circular, para reencontrarse en el otro extremo, figura que repetirán en sentido contrario; la rueda, en que se baila formando un solo circulo; la guarínilla, donde los danzantes, bailando en un pie, marcan una línea transversal, zapateando ante ella con las dos manos sujetando un garrote hacia arriba en sentido oblicuo.

El cuarto momento es la carhuarína, en que se representa la corrida de toros. Para este paso los rukus se ubican en dos hileras y hacen una parodia de la corrida, como agitar un pañuelo para la lidia y exponerse a ser embestidos por el toro. El repuntero interviene usando en cambio una manta, pero aquel igualmente lo «astea» (embiste), matándolo. Esta muerte es celebrada por los rukus con un jubiloso zapateo; el cuerpo del repuntero es cargado por éstos y entregado a la autoridad.

Luego se da el aywaila (despedida), es el momento en que se retiran abrazados y danzando con alegría. El repuntero y el toro, abrazados, encabezan la retirada.

Esta danza rukus de Canchapampa se representa tradicionalmente el 26 de julio como parte del ciclo de celebración de las fiestas patrias en Canchapampa, luego se representa el 27 y 28 de julio en Llata como parte del desfile cívico y de dos tardes de concurso de danzas entre centros poblados de todo el distrito. También forman parte de las festividades patronales de otros centros poblados del distrito en condición de reciprocidad, bajo el sistema denominado turna.

Los pobladores de Canchapampa consideran a ésta como una danza ganadera, no sólo por la presencia protagónica del toro sino también por la del dueño del ganado, el repuntero. En la representación el toro aparece como propiedad del hacendado, pero en realidad es de los patronos de las alturas, como queda patentizado al inicio de esta danza rukus de Canchapampa, que se abre con una ofrenda ritual a los hirkas y termina con la entrega del toro a una autoridad del mundo social humano, estableciendo un vaso comunicante entre el mundo de los dioses de las alturas y la organización social de la población humana.

En el mito y el ritual de varias regiones andinas, el toro sustituyó a la llama como principal especie de ganado, asumiendo algunos de sus atributos míticos y rituales, lo que puede ser corroborado por el hecho de que la captura del toro sea llamada llama garpuy. El toro de las alturas, que corre libremente como ganado de los hirkas o apus y aparece en varios relatos como el procreador del ganado vacuno, puede asociarse a esta representación de un toro es bajado de las alturas para realizar una corrida.

Esta manifestación es notable como expresión de una cosmovisión que se ha mantenido con las variaciones de rigor y advirtiéndose que sobre secuencia de hechos y elementos de origen prehispánico se han superpuesto elementos de la cultura mestiza como con el toro, la corrida de toros y el ganadero, brindando de esta manera un valioso testimonio histórico de mestizaje y sincretismo.

La danza rukus de Canchapampa fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación, a través de la Resolución Ministerial Nro. 007-2012-VMPCIC-MC, el 16 de febrero de 2012.

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