Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad

Juan Velasco Alvarado

Juan Velasco Alvarado

  • Nombre: Juan Francisco Velasco Alvarado
  • Periodo de presidente: 1968 – 1975

Juan Velasco Alvarado nació en Piura, 16 de junio de 1910, fue un militar y político peruano. Siendo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de Perú, dirigió y ejecutó el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968 que derrocó al presidente Fernando Belaúnde Terry, ganador de las elecciones generales de 1963.

Como teniente coronel, Juan Velasco Alvarado dirigió la Escuela Militar y posteriormente, la Escuela de Infantería. Fue jefe de Estado Mayor de la IV División del Centro de Instrucción Militar del Perú (1955-1958).

En 1959, Juan Velasco Alvarado ascendió a general de brigada EP y en 1962 se trasladó a Francia, para ejercer el cargo de Agregado Militar en la Embajada del Perú en París. En 1965 ascendió a general de división y en 1968 asumió la Comandancia General del Ejército y la presidencia del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú.

Cuando ocupaba este cargo, el general Juan Velasco Alvarado lideró un golpe de Estado que derrocó al presidente Fernando Belaúnde Terry, el 3 de octubre de 1968, formando así un gobierno de tendencia socialista que aproximó al Perú a la Unión Soviética, la República Popular China, Cuba y el llamado «bloque soviético».

Ejerció la presidencia del Perú desde octubre 1968 y hasta agosto de 1975 de la llamada Revolución de la Fuerza Armada. Su gobierno dictatorial es conocido también como la Primera Fase del Gobierno Militar, (1968-1975), que duró hasta su destitución por el General Francisco Morales Bermúdez Cerruti.

El golpe de estado de 1968

El 2 de octubre de 1968, el general Velasco acudió por la mañana a Palacio de Gobierno y presentó su saludo al presidente Belaúnde, durante la juramentación del gabinete presidido por Miguel Mujica Gallo. En horas de la madrugada del 3 de octubre, tanques de la división blindada rodearon Palacio de Gobierno, así como el Palacio del Congreso. El presidente Belaúnde fue aprehendido y enviado en avión hacia Buenos Aires. El Congreso fue cerrado. Se consumó así el golpe de estado, que a decir de los golpistas tenía carácter de «institucional», es decir que contaba con el apoyo de las Fuerzas Armadas en sus tres armas (Ejército, Marina y Aviación). Sin embargo, hoy se sabe que eso no era cierto. Como ya señalamos, el golpe fue planeado por un grupo de oficiales del Ejército encabezados por Juan Velasco Alvarado; los demás miembros de las Fuerzas Armadas se fueron plegando paulatinamente, como aceptando los hechos consumados.

Gestión gubernamental

Consejo de la visita de Estado del Presidente de la RSR Nicolae Ceausescu y la República del Perú. Los dos presidentes, junto con su esposa.

En el manifiesto que ese mismo 3 de octubre de 1968 dieron los militares, estos trataron de justificar el golpe arguyendo contra el gobierno depuesto la «seuda solución entreguista dada al problema de La Brea y Pariñas». Acto seguido, se dio el Estatuto que regiría al autodenominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Los comandantes generales del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea se constituyeron en Junta Revolucionaria y designaron al general Juan Velasco Alvarado como Presidente de la República. A diferencia de la Junta Militar de 1962, la Junta Revolucionaria instalada en 1968 no puso límite al tiempo en que permanecería en el poder. Se habló de un «proceso» requerido para llevar a cabo las grandes reformas que el país precisaba. En principio, el gobierno revolucionario declaró sujetarse a la Constitución vigente (la de 1933) y a las demás leyes, pero siempre en cuanto estas «sean compatibles con los objetivos del gobierno revolucionario». En otras palabras, la Constitución y las leyes quedaban subordinadas a los objetivos del gobierno.

El 9 de octubre de 1968, el gobierno ordenó la toma de las instalaciones de la IPC en Talara, la misma que la realizaron las fuerzas de la Primera Región Militar con sede en Piura, al mando del general Fermín Málaga. Este hecho tuvo un gran impacto en el país y ayudó al gobierno a consolidarse en el poder. La fecha del 9 de octubre se celebró a lo largo del gobierno militar como el Día de la Dignidad Nacional. Posteriormente, esta efeméride fue eliminada del calendario cívico del país al restaurarse el gobierno democrático. La IPC fue expulsada definitivamente del país, y aunque Juan Velasco Alvarado anunció reiteradamente que no pagaría ningún centavo a dicha empresa (que era filial de la Standard Oil de New Jersey), más tarde se supo que el gobierno negoció en secreto con la IPC, y que, mediante el Convenio De la Flor-Greene, el Perú pagó una indemnización de 76 millones de dólares. En cuanto a los adeudos que la IPC tenía con el Estado peruano, estos nunca fueron pagados.

Juan Velasco Alvarado conformó un gabinete compuesto por ministros militares y civiles. Su primer ministro y ministro de Guerra fue el general Ernesto Montagne Sánchez. En líneas generales, su política se enfocó a nacionalizar los sectores claves de la economía por medio de medidas proteccionistas e intervencionistas. Se rodeó de muchos civiles de notoria filiación izquierdista y tanto él como el resto de los militares que integraban la Junta y el Consejo de Ministros, se decían «progresistas».

Colapso gubernamental

Las grandes reformas emprendidas con el propósito de cambiar la fisonomía del país agravaron la situación económica, debido a sus costos enormes. Se multiplicaron las empresas estatales, con un número crecido de empleados, que por corrupción o ineficiencia, produjeron enormes pérdidas. De otro lado, Juan Velasco Alvarado aplicó políticas económicas demagógicas, como los subsidios a la gasolina. Se empeñó también en no devaluar la moneda, en momentos en que esta medida era necesaria. Cuando finalizó su gobierno en 1975, ya no existían reservas en el Banco Central; más bien, existían las llamadas «reservas negativas». Sin duda, en el aspecto económico el Velascato se constituyó en un fracaso redondo.

En 1973, cuando la crisis económica ya era evidente, Juan Velasco Alvarado sufrió un grave colapso de salud. El 22 de febrero de ese año fue hospitalizado de urgencia. La presencia de aneurisma le provocó la ruptura de la aorta abdominal. Fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas. El 10 de marzo se le amputó la pierna derecha. La junta revolucionaria anunció en ese momento que las obligaciones del presidente de la República eran asumidas por el presidente del Consejo de Ministros Edgardo Mercado Jarrín. Pero a fines de ese mismo mes, Juan Velasco Alvarado reasumió sus funciones, aunque muy disminuido físicamente.

Sectores extremistas cercanos a Juan Velasco Alvarado pedían una radicalización que orientara al país de manera definitiva hacia el socialismo y el marxismo. Influenciado por esos sectores, el gobierno decidió confiscar los medios de comunicación. En la medianoche del 26 al 27 de julio de 1974, fueron ocupadas las sedes de los últimos diarios limeños que aún mantenían su autonomía: La Prensa (de propiedad de Pedro Beltrán), Última Hora (vespertino que se imprimía en los mismos talleres de La Prensa), El Comercio (de propiedad de la familia Miró Quesada), Correo y Ojo (de propiedad del empresario pesquero Luis Banchero Rossi). Nominalmente, estos diarios fueron puestos a manos de los «sectores organizados» de la población, pero en realidad fueron entregados a empleados serviles del gobierno. Las televisoras y las radios ya habían sido afectadas tiempo atrás por diversas formas de control.

Dicho atropello a la libertad de prensa originó que por primera vez surgieran en las calles de Lima manifestaciones populares contra la dictadura. Los días 28 al 30 de julio la juventud del distrito de Miraflores se apoderó de las calles y plazas alzando su voz de protesta. Más de 400 manifestantes fueron detenidos. El aparato propagandístico del gobierno se limitó a ridiculizar la protesta, calificándola de «pituca» u «oligárquica».

Así, en ese ambiente de descontento, se llegó a 1975. El 1 de febrero de ese año se inició en Lima una huelga de policías, quienes se quejaban de maltratos y exigían aumento de sus sueldos. Los policías se acuartelaron pacíficamente en Radio Patrulla, en la avenida 28 de julio del centro de Lima. En la medianoche del 4 al 5 de febrero, fueron despiadadamente atacados por la tropa y las unidades blindadas del ejército. Muchos policías huyeron; otros se rindieron. Se produjo también un número indeterminado de muertos y heridos.

En la mañana del 5 de febrero estalló la protesta popular, azuzada por el Apra, la Cia y la extrema izquierda. Grupos de revoltosos, en donde se mezclaron delincuentes, recorrieron la ciudad e incendiaron el Casino Militar de la Plaza San Martín, el local del diario Correo y las oficinas de SINAMOS. El ejército salió a la calle, y en el transcurso de la tarde y la noche de ese mismo día, restableció el orden a sangre y fuego, e hizo un número indeterminado de víctimas. El gobierno suspendió las garantías constitucionales e impuso el toque de queda. El saldo oficial fue de 86 muertos, 155 heridos, 1.012 detenidos y 53 policías enjuiciados. Juan Velasco Alvarado acusó a la CIA y al Partido Aprista de alentar los disturbios y protestas. Pero su autoridad estaba ya herida de muerte.

De otro lado, se habló de implicancias del gobierno en casos de corrupción. Se habría detectado lenidad para juzgar supuestos contrabandos, en que habrían estado comprometidos miembros del gobierno. También habrían sido favorecidos por becas de estudios a países del Este europeo parientes de los altos funcionarios del régimen velasquista como de los del sucesor inmediato.

Golpe de Estado de 1975

El 29 de agosto de 1975, el General de División EP Francisco Morales Bermúdez, entonces Presidente del Consejo de Ministros, y quien estaba voceado para suceder en el gobierno a Juan Velasco Alvarado, lideró un golpe de estado desde la ciudad de Tacna y derrocó a Velasco en una acción que se conoció como el Tacnazo. Para la realización de esta acción, Morales Bermúdez alegó la mala situación económica que atravesaba el país y la deteriorada salud de Juan Velasco Alvarado, a quien se le debió amputar la pierna derecha el 10 de marzo de 1973 debido a una gangrena devenida de un aneurisma aórtico abdominal que lo puso al borde de la muerte el 23 de febrero.

En la tarde de ese mismo día Juan Velasco Alvarado abandonó Palacio de Gobierno y se marchó pacíficamente a su residencia de Chaclacayo. Oficialmente, se le consideró «relevado» del alto mando. No hubo ni una manifestación a su favor en todo el país.

Muerte de Juan Velasco Alvarado

En sus últimos años, Juan Velasco Alvarado vivió una especie de reclusión voluntaria, sin dejar herederos políticos. Falleció en el Hospital Militar de la ciudad de Lima, el sábado 24 de diciembre de 1977 y su sepelio fue multitudinario, siendo acompañado por una multitud de gente. Sus restos reposan en el Cementerio El Ángel de Lima. En 1980, su tumba fue objeto de un atentado dinamitero por Sendero Luminoso (15 de junio), en una de sus primeras acciones en el marco del Terrorismo en el Perú.

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