Año del Bicentenario del Perú: 200 Años de Independancia

Leyenda de Quitumbe

Leyenda de Quitumbe

El supuesto fundador de Tumbes, cuenta esta leyenda de Quitumbe que estando en esta ciudad, fue noticiado de que unos gigantes habían desembarcado en Santa Elena su patria y que habían creado terror en toda la comarca.

La leyenda de gigantes llegados por la vía del mar, ha sido muy frecuente en los pueblos de la costa.

Es así como, algunos mitos aseguran que el templo de Pachacamac fue también construido por hombres de elevada estatura y que lo mismos fueron los fundadores del Reino Chimú.

La leyenda

Unos hombres gigantes llegaron desde la Isla de Santa Elena en balsas de juncos y eran el doble de estatura que los indios nativos, con grandes ojos y sin barba. Su especialidad era la pesca, por lo que lo consumían en grandes cantidades. Algunos llegaron desnudos y otros cubiertos de pieles. Su temperamento era feroz y como no tenían mujeres, tomaron por parejas a las indias del lugar, pero su carácter violento terminaba por matarlas.

Los indios, para protegerse, huyeron del lugar y estos gigantes fueron castigados por los dioses con su exterminio. Los que sobrevivieron, fueron presa de la ira del cacique Tumbe, quien restauró el orden y fundó el asentamiento de Sumba, en el borde de la actual frontera entre Perú y Ecuador.

Tumbe tenía dos hijos: Quitumbe, valeroso, sereno y sagáz; y Otoya, ambicioso. Para no luchar entre ellos, Quitumbe salió de la ciudad y partió hacia el norte, donde fundó el pueblo de Tumbe, en honor a su padre y se estableció tranquilamente con los indígenas del lugar.

Su hermano Otoya, en cambio, llevó a Sumba a la perdición de los placeres de la carne, cosa que no fue del agrado de los dioses. Ellos decidieron que debían ser castigados por sus pecados y los gigantes resurgieron para darles escarmiento.

Al oír Quitumbe que su hermano había caído preso de la ira de los gigantes, decidió internarse en las serranías y fundó la ciudad de Quito. Ahí armó un gran ejército y se fue a rescatar a su familia en Sumba, venciendo y exterminando a los gigantes. Quitumbe, viéndose vencedor, decidió seguir avanzando hacia el sur y conquistar más tierras para su nuevo Imperio, el cual se extendió desde Quito hasta el valle del Rímac, donde falleció.

Uno de sus descendientes fue Cuayanay, quien era muy hermoso. Atrajo a Cigar, la hija de un curaca del valle de Pachacamác. Fue perseguido por sus huestes y huyó hacia el norte y tuvo a Atau, quien fue padre de Manco Cápac.

En esta leyenda de Quitumbe, Manco Cápac, a los 30 años, partió hacia el sur para conquistar el Cusco y formar desde ahí lo que fue el Imperio de los Incas, del cual Atahualpa es su descendiente.

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