Año del Bicentenario del Perú: 200 Años de Independancia

Guerra civil peruana de 1856-1858

Guerra civil peruana de 1856-1858

La guerra civil peruana de 1856-1858, conocida también como la Revolución de Arequipa de 1856, fue una de las más largas y violentas del Perú. No sólo fue una entre caudillos (Ramón Castilla contra Manuel Ignacio de Vivanco), sino también una lucha casi ideológica pues al inicio era una guerra entre liberales y conservadores, aunque Castilla era un conservador moderado. Fue una reacción de los conservadores ante los cambios liberales que se vivían en esa época.

Causas de la guerra

La principal causa fue la promulgación de la Constitución de 1856, promulgada el 19 de octubre de ese año por la Convención Nacional (Congreso) que se había instalado el año anterior. Uno de los principios nuevos de la constitución era la supresión de la pena de muerte. Se implantó la gratuidad de la enseñanza, específicamente primaria; se redujo la edad a 28 años para ser representante del pueblo y el Congreso cobró gran fuerza y se volvió casi unicameral, pues no había diferencias entre diputados y senadores.

El gran mariscal Ramón Castilla, Presidente Provisorio del Perú en esa época, estaba en contra de la Constitución porque se limitaba mucho la autoridad del Presidente de la República. La Constitución restableció los Vicepresidentes y creó el Concejo de Ministros, además que redujo el mandato presidencial de 6 a 4 años. A pesar de esto, Ramón Castilla juramentó la Constitución el 18 de octubre de 1856.

También había un gran descontento en el país por las elevadas dietas de los miembros de la Convención Nacional, por el excesivo gasto en la manumisión de esclavos, pues según el censo de 1852 había 15 mil esclavos en el Perú y se había liberado a 25 mil esclavos. Otra de las críticas era que las elecciones para la Convención Nacional había sido dominada por negros libertos y gente analfabeta, mientras que fueron excluidos los servidores públicos del régimen anterior, por las amenazas contra la Iglesia Católica (se prohibió el ingreso de la Compañía de Jesús) y porque el mismo Castilla había restituido el Tributo Indígena con el nombre de Contribución General en marzo de 1855.

El gobierno de Castilla tenía varios detractores y prueba de eso son los levantamientos en: Arequipa (julio de 1855), en Islay (marzo de 1856), en Chincha (14 de abril), en Nauta (30 de junio), en Trujillo (15 de agosto), en Tacna (22 de septiembre), en Ayacucho, en Ancash y en otros lugares. En Lima hubo un levantamiento del general Fermín Del Castillo que al final fracaso y se fue al exilio.

El levantamiento de Arequipa

El 31 de octubre de 1856 se inició el levantamiento conservador en Arequipa, con un movimiento popular encabezado por Domingo Camino y Diego Masías y Llosa, que dos años antes habían apoyado la rebelión contra José Rufino Echenique. Ellos invitaron a Manuel Ignacio de Vivanco, que había regresado de su exilio en Chile, a liderar el movimiento. En pocos días se armaron 500 hombres. El gobierno envío a Arica al BAP Loa y al BAP Ucayali que desembarcaron 2 escuadrones de cazadores a caballo y medio batallón de infantería, tomando a su vez a presos políticos acusados de conspirar en Arica, encarcelándolos en los pontones Highlander y Caupolicán. También llegó el gran mariscal Miguel de San Román a tomar el mando de las fuerzas e intimó la rendición de Arequipa el 16 de noviembre.

La toma de Arequipa

Cada día la lucha en Arequipa se volvía más intensa. El 3 de enero de 1858, la fragata Apurímac capturó en Islay un vapor mercante con oficiales y artículos de guerra para el ejército, viéndose Castilla obligado a llamar el batallón que conservaba en Islay para reforzar el asalto a Arequipa. El combate de Bellavista (13 de enero de 1858) fue muy fuerte e indeciso. La escuadra del gobierno capturó el vapor Lambayeque.

En esas circunstancias, la Apurímac y el Arauco viajaron a Valparaíso persiguiendo al BAP Tumbes, pero en el puerto chileno, el general vivanquista Rivas tuvo una entrevista con Echenique y este le dio 80 mil pesos chilenos que sirvió para pagar a los marinos insurrectos, además que muchos peruanos exiliados abordaron el Arauco con un cargamento de armas. En convoy viajaron ambos buques a Iquique, en donde engacharon algunos hombres y con una fuerza de 300 se decidieron a atacar Arica. El domingo 21 de febrero, los rebeldes desembarcaron, por primera vez en la guerra, en Arica. Las tropas del gobierno a órdenes del prefecto Zavala opusieron una gran resistencia, pero el Apurímac empezó a bombardear el indefenso puerto, disparando unos 200 cañonazos. La lucha fue en las calles de la ciudad, con un saldo de unos 200 muertos y más de 60 heridos. Luego, el general Rivas marchó a Tacna por ferrocarril mientras Montero con la Apurímac se dirigió a Islay, quedándose el Arauco en Arica.

Entre el 27 de enero y 5 de febrero de 1858, el ministro plenipotenciario chileno, Ramón Luis Irarrazaval, condujo negociaciones por la paz en Arequipa, con aprobación de Castilla, pero se encontró con la negativa de Vivanco, aunque este último, exigió como requisito para la paz el retiro definitivo de la escena política de Castilla y de él mismo.

El 3 de marzo la Apurímac llegó a Islay horas antes que un vapor de la Pacific Steam Navigation llegara con exiliados políticos, entre los que estaban Manuel Toribio Ureta y varios ex-miembros de la Convención Nacional. De esta manera bloquearon a Castilla y este se decidió por un ataque contra Arequipa.

Castilla movió su ejército en la medianoche del 5 de marzo hasta el antiguo panteón de Miraflores. El sábado 6 de marzo empieza el ataque por el Alto de San Pedro; la lucha fue tan dura que, una bala le quitó a Castilla los anteojos con que observaba la batalla. Luego el ejército tomó la Caja de Agua y a las once de la mañana, el fuerte Malakof, muriendo todos sus defensores. Los ejércitos peleaban casa por casa. La lucha se concentró en las torres Santa Rosa y Santa María. Al llegar la noche ya estaban ocupadas el templo Santa Rosa y la primera trinchera de este nombre. El teniente coronel Francisco Bolognesi es atendido por el médico personal de Castilla al haber recibido dos balas en el muslo derecho, al igual que Andrés. A las once de la noche, Vivanco escribió una carta al ministro Irarrazával con el objetivo de pedir la suspensión de las hostilidades, que llegó a manos de este a las 2 de la madrugada. Fue inútil. Al amanecer del domingo 7, Castilla emprendió un nuevo ataque. En la acequia de Santa Rosa la sangre corrió como agua. A las 10 de la mañana fueron asaltados la trinchera y muros de Santa Rosa, muriendo todos los miembros de la columna inmortales. a las 11:35 a. m. terminó la batalla y los vencedores se reúnen en la plaza de armas. Hubo en total, entre ambos bandos, unos 3 mil muertos, la mayoría civiles arequipeños.

Vivanco se ocultó para escaparse, una vez más, a Chile. Es unánime la creencia de que Castilla lo dejó escapar.

Los marinos sublevados volvieron a la obediencia al gobierno en Arica el 17 de marzo, después de las gestiones realizadas por el prefecto de Moquegua, el coronel Juan Espinosa. Los rebeldes obtuvieron pago de la tripulación y de la tropa, garantías y seguridades personales y libertad para salir del país o residir en él. Muchos marinos importantes fueron dados de baja, como Lizardo Montero, Miguel Grau, Jurado de los Reyes o Luis Germán Astete.

Consecuencias de la guerra

No se puede decir que la rebelión fue un fracaso, porque se cumplió el objetivo principal de anular la Constitución de 1856, aunque no se restituyó la anterior de 1839.

Uno de los objetivos de la sublevación fue disolver la Convención Nacional. La Convención era muy impopular por su negativa a admitir a la Compañía de Jesús y otras objeciones contra el clero, tenía un fuerte enfrentamiento con el ejecutivo y sus legisladores cobraban altas dietas. Al final, fue la misma Convención la que dictó su fin, catalizada por la guerra civil.

Los buques rebeldes se integraron a la Marina peruana. El Apurímac cambió de nombre por BAP Callao, debido al heroísmo del pueblo chalaco al contener a los vivanquistas; el vapor a hélice Lambayeque por General Lerzundi y el vapor a ruedas Arauco fue rebautizado como BAP Sachaca.

Castilla expidió el 12 y 14 de marzo de 1858, dos decretos suprimiendo el departamento de Arequipa, convirtiéndolo en provincia. La Caja Fiscal fue trasladada a Islay. El secretario de Castilla, el arequipeño doctor Bustamante se negó a suscribirlo y fue reemplazado por Manuel Nicolás Corpancho. Pero el 13 de mayo de ese mismo año, Castilla solicitó al Consejo de Ministros restablecer el departamento de Arequipa, así como su Prefectura, Corte Superior y oficinas administrativas.

El Consejo de Ministros convocó a elecciones para un Congreso Extraordinario y para Presidente y Vicepresidente, de acuerdo a las normas de la Constitución de 1856 y con la ley electoral promulgada por la Convención. Ramón Castilla salió electo como Presidente con 432 mil votos, seguido por el general Medina con 69 mil y Domingo Elías con 51 mil. Como Vicepresidente fue elegido Juan Manuel del Mar, antiguo ministro de Castilla. El nuevo Congreso se dedicó no solo a legislar, sino a reformar la Constitución promulgando una nueva en 1860, ya no de carácter liberal ni conservadora, sino una moderada que tuvo vigencia hasta 1919, siendo la de más larga vida en el Perú.

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