Año del Bicentenario del Perú: 200 Años de Independancia

Miguel Grau Seminario

Miguel Grau Seminario

  • Nacimiento: 27 de julio de 1834 en Piura, Perú
  • Fallecimiento: 8 de octubre de 1879 en Punta Angamos, Bolivia (hoy Chile)
  • Cónyuge: Dolores Cabero
  • Hijos: Rafael Leopoldo Grau Cabe, Miguel Grau Cabero, Elena Grau Cabero, Carlos Grau Cabero, Enrique Grau Cabero, Ricardo Grau Cabero, María Luisa Grau Cabero, Oscar Grau Cabero, Victoria Grau Cabero

Miguel Grau Seminario es el héroe máximo de la marina peruana y diputado civilista. Comandante del monitor Huáscar y jefe de la escuadra naval. Apasionado del mar desde la infancia, desarrolló una brillante carrera militar en la marina y llegó a ser diputado. Sus aptitudes como estratega, así como su lealtad y su heroísmo, brillaron particularmente en la Guerra del Pacífico (1879-1883), que enfrentó a Perú y Bolivia contra Chile.

¿Quién fue Miguel Grau Seminario?

Hijo del teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío, de ascendencia catalana, y de Luisa Seminario del Castillo, descendiente de antiguas familias de la región, la infancia de Miguel Grau transcurrió en Piura y más tarde en el puerto de Paita, cuando su progenitor fue nombrado vista de aduana.

En 1843, siendo todavía un niño, el pequeño Miguel se embarcó en una goleta comandada por Ramón Herrera, gran amigo de su padre, que hacía un viaje de Paita a Panamá. Lamentablemente la goleta naufragó y, a su regreso al hogar, su madre no estaba dispuesta a consentir ya nuevos embarques. Ingresó en el colegio de Nieto, en el cual, según uno de sus biógrafos, Fernando Romero Pintado, «Miguel se torna taciturno. En el colegio está siempre distraído, callado, casi hosco. Merodea por la playa apenas terminan las clases y en los días de vacaciones».

Contaba once años cuando doña Luisa, su madre, aceptó que volviera a cruzar los océanos. Recorrió entonces todos los mares y durante nueve años (según el historiador Alberto Tauro del Pino) el joven Grau «surca mares de Asia, Europa y América en diversos transportes y aun en buques balleneros». Al regresar al Perú (1853) se radicó en Lima, donde fue alumno del poeta español Velarde y estudió para ingresar en la Marina.

El 14 de marzo de 1854, con diecinueve años, se convirtió en guardiamarina y vistió por primera vez el uniforme que cubriría de gloria. Navegó en los vapores Rímac, Vigilante y Ucayali antes de ser trasladado a la fragata Apurímac, donde sirvió con Lizardo Montero, otro ilustre marino piurano. Cuando prestaba servicio en la Apurímac, el comandante de esta nave apoyó la revolución del general Vivanco. Tras el fracaso del movimiento, y junto con otros jóvenes oficiales que formaban parte de la tripulación, Miguel Grau fue separado del servicio (1858) y volvió a la marina mercante.

Guerras donde participó

La Guerra del Pacífico

En 1879 estalló la Guerra del Pacífico, también llamada Guerra del Salitre. En aquella contienda Perú y Bolivia se enfrentaron contra Chile por el control de la región situada al norte del desierto de Atacama, muy rica en salitre. El primer gran escenario del conflicto fue el mar, el único medio a través del cual podían desplazarse los ejércitos. Chile contaba con una escuadra superior a la del Perú, y la flota de Bolivia era inexistente. Cuando Chile declaró la guerra al Perú, Grau aceptó dirigir la primera división naval aun a sabiendas de la superioridad que tenía la escuadra chilena en tonelaje, número de barcos, cañones y espesor de blindaje, frente a la debilidad y mal estado de las unidades peruanas.

Durante seis meses Miguel Grau, al mando del monitor Huáscar, lograría impedir el desembarco de las tropas chilenas en el territorio peruano.

Batalla de Iquique

En la Batalla de Iquique, después que el monitor Huáscar había hundió la corbeta chilena Esmeralda, al mando del capitán de fragata Arturo Prat. Miguel Grau ordenó el rescate de la tripulación superviviente de las aguas, lo que hizo que uno de ellos, al llegar a la cubierta del Huáscar, gritara agradecido: «Viva el Perú generoso». Miguel Grau también escribió sus condolencias a la viuda de su oponente Arturo Prat, Carmela Carbajal, entregándole objetos personales de Prat, diario personal, uniforme, espada entre otros. Junto con ellos, Carmela Carvajal recibió una carta del Almirante peruano, demostrando la calidad personal de su rival, la hidalguía y sus altos valores morales, denominado luego «El Caballero de los Mares».

En el puerto de Antofagasta, después de llegar furtivamente hacia un barco enemigo, pidió cortésmente a la tripulación abandonar el barco antes de abrir fuego. Estos y otros gestos le valieron el apodo del Caballero de los mares de sus oponentes chilenos, reconociendo un sentido extraordinario de caballería y su comportamiento caballeroso, combinado con su carrera de combate altamente eficiente y valiente.

El Huáscar realizó en los meses siguientes una serie de acciones sorprendentes frente a una escuadra tan poderosa como la chilena. Apresó transportes enemigos, requisó carbón de puertos chilenos y despistó constantemente a los buques enemigos que recorrían la costa en su busca. El congreso ascendió a Miguel Grau al grado de contralmirante el 26 de agosto de 1879.

La batalla de Angamos

El primero de octubre de 1879, en la que iba a ser su última partida, el Huáscar zarpó del puerto de Iquique, donde el transporte Rímac había desembarcado tropas bajo su protección. Apresó una goleta al sur de Huasco y el día 5 se hallaba ya en la costa de Coquimbo, territorio chileno. La marina chilena había renovado los mandos y ordenado su flota en dos divisiones para cazar al ya célebre navío. Su plan tuvo éxito el 8 de octubre de 1879, cuando descubrieron al Huáscar en alta mar, frente a Punta Angamos, acompañado de la Unión, en viaje hacia el norte.

La flota chilena, compuesta por seis barcos todos ellos superiores al Huáscar en blindaje y potencia de fuego, formaron un círculo para batirse con el buque insignia de la marina peruana. Miguel Grau ordenó a la Unión retirarse para distraer la flota enemiga, lo que se logró en parte porque dos corbetas chilenas salieron en su persecución. La Unión fue más rápida y consiguió escapar; el Huáscar, en cambio, fue encarado por el Cochrane, que con sus poderosos cañones logró perforar el blindaje del casco y la torre de mando.

El comandante Miguel Grau murió despedazado. El mando pasó a Elías Aguirre, que también murió. Correspondió el turno al teniente primero Melitón Rodríguez. Caído también él, tocó el mando al teniente Pedro Garezón, quien conversó brevemente con tres oficiales que quedaban vivos y ordenó hundir la nave porque ya se encontraba inmovilizada. Los maquinistas abrieron las válvulas, pero los desperfectos de la maquinaria paralizaron la inmersión, dando tiempo a que llegaran los buques enemigos, abordaran el monitor y detuvieran su hundimiento. Miguel Grau pasó a la inmortalidad como un marino estratega y valiente pero generoso, que cumplió con sus proféticas palabras: «si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré».

Muerte

Tras diversas acciones entre mayo y octubre de ese año, en las cuales demostró su destreza como marino, el almirante Latorre, a bordo del Cochrane, logró capturar al Huáscar en el combate naval de Angamos. El marino peruano, muerto en la cabina de mando despedazado por un proyectil, fue enterrado con honores en Santiago.

Los restos de Grau

Después del combate de Angamos, el teniente primero Pedro Gárezon Thomas, último comandante del «Huáscar», no quiso abandonar el monitor hasta no haber agotado la búsqueda de los restos del almirante Miguel Grau. Al ver su insistencia, el teniente chileno Goñi le permitió hacer dicha búsqueda en la torre de mando, que se hallaba destrozada. Garezón entró por un gran boquete abierto por las bombas y tras una búsqueda exhaustiva, halló finalmente entre los escombros el único resto de Grau: «un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, que estaba calzada con un botín de cuero». Gárezon certificó que se trataba de un auténtico resto del almirante. Colocado en una caja, fue conducido a Mejillones, donde se le honró con una misa oficiada por monseñor Fontecilla. Luego, el 14 de octubre, por orden expresa del gobierno chileno, fue trasladado a Valparaíso, a bordo del Blanco Encalada. El capitán de fragata Óscar Viel, que era concuñado y compadre de Miguel Grau, obtuvo de su gobierno el permiso para sepultar los restos de Grau en el mausoleo de su familia en Santiago, donde permaneció por algunos años.

Los restos de Miguel Grau, junto con los pertenecientes a otros combatientes peruanos caídos en la guerra, retornaron al Perú durante el primer gobierno de Andrés Avelino Cáceres. Llegaron al Callao a bordo del crucero Lima, el día 13 de julio de 1890, siendo sepultados en una tumba provisional en el Cementerio Presbítero Maestro de Lima. En 1908 fueron trasladados a la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico, inaugurada por el presidente José Pardo y Barreda en dicho cementerio.

En Chile permaneció un fragmento de la tibia de Miguel Grau que era exhibido en un Museo de Santiago, junto con una gorra y otros enseres personales del héroe. Este resto fue devuelto al Perú el 20 de marzo de 1958, en solemne ceremonia realizada en Santiago con la presencia del presidente de Chile, Carlos Ibáñez del Campo. Al día siguiente, llegaron vía aérea a Lima, donde fueron recibidos por el presidente Manuel Prado Ugarteche, quien, en parte de su discurso ceremonial expresó lo siguiente:

La figura de nuestro ínclito Almirante, personifica una de las glorias legítimas que enaltecen no solo nuestros anales y los de América, sino del mundo entero. Su vida y sacrificio son paradigmas de caballerosidad y abnegación.

Luego, los restos fueron conducidos al edificio de la antigua Escuela Naval en La Punta, donde fueron depositados en un salón.

Finalmente, el 7 de octubre de 1976, los restos óseos de Grau fueron trasladados en solemne ceremonia al Cenotafio construido en la Cripta de la Escuela Naval, donde permanecen con guardia de honor permanente. El 25 de julio del 2003 fueron depositadas allí la espada y las condecoraciones del héroe.

Legado Histórico

El Monitor Huáscar fue capturado por los chilenos después de incurrir en graves bajas en el duelo de artillería. Aunque no fue recuperado la mayor parte de cuerpo de Miguel Grau, sus restos fueron enterrados con honores militares en Chile, que fueron devueltos a Perú en 1958. Por muchos años después de su muerte, su nombre fue llamado en una ceremonial nominal de la Marina de guerra del Perú. Póstumamente Miguel Grau recibió el rango de Gran Almirante del Perú en 1967 por orden del Congreso del Perú. Un retrato del Almirante Miguel Grau está en exhibición en el Museo flotante Monitor Huáscar.

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